Las 15 mejores frases de Madame de Sévigné

Marie de Rabutin-Chantal, más conocida como Madame de Sévigné, fue una escritora epistolar perteneciente a la alta aristocracia francesa dada a frecuentar los salones de la época, en especial el de Fouquet. Sus temas preferidos siempre fueron las relaciones amorosas, haciendo hincapié en las infidelidades y el pecado, pero su repertorio abarca infinidad de materias interesantes que merece la pena conocer bajo su prisma más personal.

En su nutrido haber nos dejó un gran número de frases célebres que hoy rememoramos. A continuación puedes encontrar 15 de sus citas más famosas y, así mismo, hacemos un repaso por su biografía para conocer más en profundidad la vida de una mujer única que dejó su impronta dentro de la sociedad francesa y mundial…

1. Cuanto más conozco a los hombres, más admiro a los perros.

2. Hay palabras que suben como el humo, y otras que caen como la lluvia.

3. Las infidelidades se perdonan, pero no se olvidan jamás.

4. Los amigos de mis amigos son amigos míos por reflejo.

5. Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el tiempo en que se pudo.

6. Nada se puede aceptar de un malvado, so pena de envilecerse.

7. Lo que hace que no pensemos siempre de la misma manera, es que nos hallamos lejos, ¡ay!, muy lejos unos de otros.

8. En todos los géneros, la verdad es, a la vez, lo más sublime, lo más sencillo, lo más arduo y, sin embargo, lo más natural.

9. Los primeros sentimientos son siempre los más naturales.

10. Para juzgar cuánto importunamos al hablar de nosotros mismos, debemos tener en cuenta cuánto nos molestan cuando hablan sí mismos.

11. Cuán feliz era yo cuando era una infeliz.

12. No hay nadie que no sea peligroso para alguien.

13. Por más que pateo, solo consigo que salga una vida uniforme y tranquila.

14. El adulterio es justificable: el alma necesita pocas cosas; el cuerpo muchas.

15. Nada tan peligroso como un buen consejo acompañado de un mal ejemplo.

BONUS

  • Preferible es el pecado a la hipocresía.
  • La opulencia es escuela de vanidad y aspereza.
  • No hay que mirar que bien nos ha hecho un amigo, sino solamente el deseo que él tiene de hacérnoslo.
  • En asuntos del corazón, nada es verdad excepto lo improbable.

Biografía de Madame de Sévigné, una escritora de la aristocracia

Madame de Sévigné fue una célebre escritora francesa, cuyos textos hasta la época actual, continúan siendo referente del feminismo. Y es que en su época, ella supo retratar como nadie los sentimientos y relaciones que una mujer de su posición social enfrentaba a menudo; siendo temas recurrentes los de la infidelidad y la familia.

Nació el 5 de febrero de 1626, en el seno de una familia bien acomodada, con el nombre de Marie de Rabutin-Chantal. Su padre fue el barón de Chantal, Celse Bénigne de Rabutin y su madre María de Coulanges.

A pesar de que en su niñez quedó huérfana, tuvo la suerte de quedar al encargo de su familia materna, quien la proveyó de una excelente educación. Marie vivió conforme a todas las costumbres de buena sociedad de la época, hasta que el 4 de agosto de 1644, con dieciocho años de edad, se casó con el aristócrata Henri de Sévigné.

En 1651 sin embargo, su marido habría de fallecer en un duelo con un hombre de Albret. Se estaban disputando las atenciones de su amante, Madame de Gondran. Esto, lejos de significar una gran pena para la viuda, la llevó a una temprana liberación.

A partir de ese momento, Madame de Sévigné se dedicó a asistir a todos los salones parisinos, en aras de conocer todos los placeres que se divulgaban en secreto entre la gente de la aristocracia.

Cuando no estaba en medio de alguna tertulia, permanecía en su residencia parisina, en su domicilio de Vitré o el castillo Rochers-Sévigné que le había legado su esposo.

Fue una de las damas más populares de su tiempo, llegando a establecer relación con múltiples personalidades. De ella, son muy famosas sus cartas a distintos familiares y amistades, en las que se pueden apreciar con detalle las costumbres en la alta sociedad de París y la corte del rey.

Destaca sobre todo la correspondencia que mantuvo con su hija, a la cual amaba inmensamente y de quien tuvo que separarse, una vez que esta contrajo matrimonio con el conde François Adhémar de Monteil, quien procedía de una de las familias más acaudaladas de la Provenza.

El tiempo que pasaron lejos, constituyó uno de los episodios más oscuros en su vida.

En 17 de abril de 1696, la marquesa de Sévigné fallecía en Grignan. Su tumba fue profanada en 1793, por unos caudillos de la revolución que buscaban municiones.

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