Las 15 mejores frases de Simone de Beauvoir

“Una mujer segura de sí misma es la inseguridad más grande de un hombre”. Probablemente, a Simone de Beauvoir le hubiera encantado que comenzásemos así este artículo y, es que, ella fue una de las grandes heroínas de la historia en la lucha por los derechos de la mujer.

En esta ocasión hemos reunido algunas de sus frases más célebres para poder entender su propia visión del mundo desde los ojos de una mujer de armas tomar…

1. Las personas felices no tienen historia.

2. Encanto es lo que tienen algunos hasta que empiezan a creérselo.

3. Las arrugas de la piel son ese algo indescriptible que procede del alma.

4. La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida.

5. Conocerse a sí mismo no es garantía de felicidad, pero está del lado de la felicidad y puede darnos el coraje para luchar por ella.

6. Entre dos individuos, la armonía nunca viene dada, sino que debe conquistarse indefinidamente.

7. El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.

8. ¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad.

9. No se nace mujer: se llega a serlo.

10. El esclavo que obedece escoge obedecer.

11. La belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad.

12. Hay mujeres que son alocadas y hay mujeres de talento: ninguna tiene esa locura del talento que se llama genio.

13. Escribir es un oficio que se aprende escribiendo.

14. Es lícito violar una cultura, pero con la condición de hacerle un hijo.

15. Una mujer libre es justo lo contrario a una mujer fácil.

Biografía de Simone de Beauvoir, una vida de cultura y feminismo

Prolífica escritora y filósofa, defensora de los derechos humanos y militante por el empoderamiento de la mujer, Simone de Beauvoir es una personalidad a la que hasta hoy en día, le debemos buena parte de los avances culturales y políticos respecto a dichas cuestiones. Nacida el 9 de enero de 1908 en París, perteneció a una familia acomodada y profundamente católica.

Durante su infancia y juventud manifestó un gran interés por la cultura y las letras. Fue esa pasión la que le llevó a estudiar la rama de la Filosofía, de la que terminó graduándose con 21 años de edad.

En 1929 ejercía como profesora de Filosofía en la Sorbona, donde conoció a Jean Paul Sartre, uno de los más grandes existencialistas de su tiempo y a quien ella siempre consideró, como un pilar fundamental de su vida intelectual y sentimental. Fueron pareja hasta el 1980, año en el cual el filósofo fallecería, legándole a Simone gran parte de sus concepciones feministas y sobre la vida de pareja.

En 1943 la expulsaron de la Educación Nacional, acusándola de seducir a una de las alumnas a quienes enseñaba. Se emplea entonces como redactora para la revista Tempes Modernes, que estuviera al mando de Sartre.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, sus escritos a favor del movimiento de izquierda y con tintes existencialistas, le acarrearían el disgusto de las autoridades; sobre todo después de pronunciarse abiertamente a favor de la resistencia en contra de la ocupación alemana.

En 1943 publica su primera novela, La invitada, donde abordó el tema de la libertad humana desde el punto de vista del existencialismo. El año siguiente, publicó La sangre de los otros y en 1954 Los mandarines, que le valió ser galardonada con el Premio Goncourt.

Fue una firme defensora de la emancipación de la mujer a través del trabajo digno para franquear sus diferencias con el hombre, y sus posteriores ensayos y obras, constituirían un pilar para el feminismo moderno, pues examina en ellos el papel de la mujer en la sociedad por medio de sus acciones históricas, sociales y filosóficas, cuestionándose el verdadera significado de pertenecer al sexo femenino.

Simone murió el 14 abril de 1986 en su natal París, dentro de su residencia de la calle Victor-Schœlcher. Su cuerpo fue llevado al cementerio de Montparnasse, donde la enterraron con el anillo de plata que fuera obsequio de uno de sus amantes, Nelson Algren.

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